
La emergencia que arrasó con dos hectáreas en la reserva natural del
tití cabeciblanco, entre Los Rosales y El Ceibal, en los límites entre
Atlántico y Bolívar, despertó las alarmas de la Fundación Proyecto Tití
por la preservación de esta especie en peligro de extinción, de la que
solo quedan 7 mil individuos.
Rosamira Guillén, directora de la Fundación Proyecto Tití, que tiene
como misión la conservación del Tití Cabeciblanco y de su hábitat
natural, afirma que esta especie solo habita en los bosques tropicales
del Caribe colombiano, entre el Atlántico y el Urabá antioqueño; no se
encuentra en estado silvestre en ninguna otra parte de Colombia ni del
mundo.
“Este pequeño primate, del tamaño de una ardilla, está en peligro
crítico como consecuencia de la extensiva deforestación de su hábitat
natural, para actividades de ganadería, agricultura, minería y expansión
urbana, entre otros”, agrega.
Se estima que queda menos del 2% de la cobertura original de bosque.
En las décadas de los sesenta y setenta fueron sacados al exterior entre
25.000 y 30.000 titíes para estudios biomédicos contra el cáncer.
Luis Soto, biólogo de la Fundación Proyecto Tití señaló que con el
incendio se reduce un poco el área para que los titíes consigan su
alimento.
Destacó la importancia de preservar el bosque seco tropical en Los
Rosales en Luruaco, El Palomar, en Piojó y El Ceibal en Santa Catalina,
declarados como áreas protegidas por la CRA, en Atlántico; y Cardique,
en Bolívar.
Normalmente cada año la tití dominante de cada grupo pare dos críos.
El período de gestación es de seis meses. Una vez que lo tienen lo
cargan dos o tres días, y luego del acarreo de los animales se encargan
los otros miembros.
En las 3.694 hectáreas de áreas protegidas en El Ceibal, Los Rosales y
El Palomar, se encuentran también especies endémicas y con rango de
distribución restringido como la Guacharaca, el carpinterito, el copetón
encauchado, el guitio y el tinamú de patas rojas; y plantas dentro de
las categorías de amenaza de Colombia, como la ceiba colorá, que se
encuentra en peligro enfrentando un alto riesgo de extinción o deterioro
poblacional en estado silvestre, y casi amenazada el Caracolí, la
palma amarga y el membrillo.